Tuesday, August 02, 2005

EL VIRREINATO DEL PERÚ EN EL REINADO DE CARLOS III

El rey Carlos III puso especial interés en renovar el sístema administrativo de las colonias. El Virreinato del Perú sufrió importantes cambios que conmocionaron a sus habitantes y provocaron la rebelión de los indígenas, mestizos y criollos afectados. Las reformas de mayor trascendencia fueron: la creación del Virreinato del Río de la Plata (1776), el decreto de Libre Comercio (1778) y las medidas fiscales del visitador Areche (1778-1780).

Además, las reformas carolinas reforzaron la presencia hispana en la alta burocracia estatal. El predominio criollo en la maquinaria estatal llegó a su fin. La corona los relegó gradualmente en el acceso a las audiencias, gobernaciones, corregimientos y las fuerzas armadas; favoreciendo a los "chapetones" de rango militar.



GOBIERNO DEL VIRREY MANUEL AMAT Y JUNIET (1761-1776)



El Virrey Manuel Amat continuó la reconstrucción de Lima. Su objetivo era convertir a la capital del Perú en una de las ciudades más hermosas y seguras de América.

Los principales monumentos arquitectónicos ordenados por el Virrey tuvieron como modelo el estilo
rococó, muy en boga en Francia del siglo XVIII. Entre las obras más destacadas tenemos a la plaza de toros de Acho, el paseo de Aguas, un coliseo de gallos, la alameda de los Descalzos, el convictorio de San Carlos, la iglesia de las Nazarenas y las torres de la iglesia de Santo Domingo. En el Callao se culminó la impresionante fortaleza del Real Felipe. La renovación urbana de Lima incluyó la construcciones de bellos cafés y nuevos hospitales.

En 1767 llegó la orden de
expulsión de los jesuitas del Perú. Fue una Pragmática Sanción decretada por el Rey Carlos III, ésta se cumplió el 9 de setiembre de 1767. Todas la propiedades de los religiosos expulsados pasaron a poder de la Oficina de Temporalidades, institución que remató gran parte de los bienes. Al clausurarse los colegios jesuitas, Amat fundó el Real Convictorio de San Carlos y construyó un bello edificio para su sede.

No se puede dejar de lado la famosa relación amorosa del sexagenario Virrey con la joven y bella actriz
Micaela Villegas, con quien tuvo un hijo llamado Manuel Amat y Villegas. Este amor escandalizó Lima, principalmente, por el origen plebeyo de la muchacha, una mujer ilustrada y caritativa, a quien las lenguas envidiosas llamaban Perricholi.





GOBIERNO DEL
VIRREY MANUEL GUIRIOR (1776-1780)



Antes de llegar al Perú, ejerció el cargo de Virrey de Nueva Granada durante cuatro años. Recibió con beneplácito su traslado al Perú, llegando a Lima a mediados de 1776.

Apenas instalado en el palacio recibió la noticia de la creación del
Virreinato del Río de la Plata, hecho que afectó notablemente la economía peruana. Todo el rico Alto Perú, incluyendo los corregimientos de Puno, pasaron a poder de Buenos Aires. Además, Lima fue obligada a financiar los gastos de la instalación del nuevo Virreinato.

En 1777 llegó a Lima José Antonio de Areche, Visitador General de la Real Hacienda y Tribunales del Reino, con la expresa misión de aumentar las rentas de la Corona y sanear la administración pública. El Visitador incrementó las alcabalas, creó las aduanas terrestres y empadronó a los mestizos para que paguen tributo como los indios. Su maneras autoritarias y su menosprecio por los funcionarios criollos le valieron serios enfrentamientos con el Virrey Guirior. El Visitador emprendió una campaña e desprestigio contra Guirior ante la Corte, logrando su destitución en 1780.

El incremento de los impuestos y los repartos mercantiles de los corregidores ocasionaron muchas rebeliones en diversas provincias como Chumbivilcas (Cusco), Huamalies (Huanuco), Huaylas y Conchucos (Ancash). Las agitaciones y protestas se propagaron en todo Arequipa y en el Cusco se descubrió la Conspiración de los Plateros, dirigidas por Lorenzo Farfán de los Godos y Bernardo Tambohuacso, el cacique de Písac. Las autoridades reprimieron a sangre y fuego todos estos movimientos rebeldes donde estaban involucrados indígenas, mestizos y criollos; todos afectados por las reformas fiscales implementadas por Areche y auspiciadas por la Corona.



Uno de los hechos más importantes del rey Carlos III fue la liberalización del comercio colonial. El decreto de Libre Comercio de 1778 legalizó el tráfico mercantil entre trece puertos españoles y 22 puertos americanos. El objetivo era favorecer el crecimiento económico de las regiones descuidadas por las viejas rutas monopólicas y convertirlas en nuevas fuentes de materias primas y mercados para las manufacturas españolas.



El comercio entre la metrópoli y las colonias se quintuplicó en una década. En América los más favorecidos fueron los mercaderes afincados en
Buenos Aires y Valparaiso. Aunque el libre comercio fue resistido por los comerciantes limeños, no significó la destrucción de la importancia comercial del Callao o de Lima.



Según Jhon Fisher, aún con la fuerte competencia de los bonaerenses y chilenos, el Perú mantuvo su hegemonía comercial en Amércia del Sur hasta el ocaso de la etapa colonial. A pesar del gran crecimiento mercantil de otros puertos sudamericanos, el Perú controló casi el 15 º/o de las exportaciones a España, superando al Río de la Plata que tenía el 12 º/o, y a Venezuela con el 10 º/o.



Como ya mencionamos, los reyes borbones favorecieron las expediciones de carácter científico a las colonias. En 1778 echó anclas en el Callao el navío "El Peruano" que traía a los renombrados naturalistas
Hipólito Ruiz y José Pavón acompañadosde otros sabios ilustrados españoles. El objetivo era hacer estudios botánicos, zoológicos y minerológicos en el Perú y Chile.

Después de diez años de intensas investigaciones los científicos retornaron a España llevandose 53 cajones con especies vegetales y animales, 800 dibujos. Ruiz y Pavón luego publicaron en España la famosa obra "Flora peruviana et chilensis".





En 1780 el virrey Guirior fue relevado de su cargo y tuvo que regresar a España, para beneplácito del poderoso visitador Areche. El mismo año desembarcó en el Callao el sucesor, Agustín de Jauregui.


GOBIERNO DEL
VIRREY AGUSTÍN DE JÁUREGUI (1780-1784)



El 20 de julio de 1780 Lima recibió al virrey Agustín de Jáuregui y Aldecoa, un militar de brillante carrera que, antes de venir al Perú, había gobernado Chile durante siete años.

Todavía no terminaban en Lima los agasajos de recepción al nuevo virrey cuando estalló en Tungasuca (al sur del Cusco) la gran rebelión del cacique
José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II.

El jefe rebelde era descendiente directo de los incas del Tahuantinsuyo.
Túpac Amaru I, su antepasado, fue el último Inca de Vilcabamba, el mismo que fuera decapitado por orden del virrey Toledo en 1572. Túpac Amaru II, en 1780, era cacique de Tungasuca, Surimana y Pampamarca, y gozaba de propiedades, negocios y prestigio en la región del Cusco. Se sublevó a los 40 años, cansado de los excesos de los despóticos corregidores -los repartos mercantiles- y las imposición de las reformas del Visitador Areche (aduanas, alacabalas, tributos).

El espacio sur andino había sido la región más afectada con la creación del Virreinato del Río de la Plata y la liberalización del comercio decretada por Carlos III. En este contexto el incremento de la presión fiscal agudizó las contradiciones sociales. Desde 1778 José Gabriel Condorcanqui organizó una red de conspiración con objetivos cada vez más radicales.





El 4 de noviembre de 1780 estalló la sublevación. Túpac Amaru capturó y condenó a la horca al corregidor de Tinta, Antonio de Arriaga; el mismo día, delante de miles de seguidores en Tungasuca, anunció la abolición de las mitas, alcabalas y corregimientos. Además, liberó a miles de indios de los obrajes y decretó el fin de la esclavitud de los negros.

El corregidor del Cusco, Tiburcio Landa, emprendió campaña contra el cacique, dirigiendo una fuerza de tres mil hombres. Túpac Amaru lo destruyó sus tropas en la batalla de la batalla de Sangarará. Sin embargo, extrañamente, emprendió campaña al Alto Perú, cuando tenía practicamente en sus manos a la ciudad del Cusco.

En Lima las autoridades coloniales se aprestaron para el combate. El Virrey Jauregui envió tropas al mando del capitán Gabriel de Avilés. Estas fuerzas tomaron el Cusco y repelieron el ataque tupacamarista en enero de 1781. Poco después llegaron el visitador Areche y el brigadier José del Valle quienes, apoyados por el cacique Mateo Pumacahua, vencieron a los rebeldes en Checacupe y Combapata (Tinta, Cusco).

La represión fue indiscriminada y llegó a su punto culminante cuando el
18 de mayo de 1781, el Inca, su esposa Micaela Bastidas y otros dirigentes fueron descuartizados. El Perú fue pacificado a sangre y fuego. Los últimos líderes indígenas del levantamiento -Túpac Katari, Diego Cristobal Túpac Amaru y Pedro Vilca Apaza- fueron torturados y asesinados horrendamente entre 1781 y 1783.









GOBIERNO DE TEODORO DE CROIX (1784-1790)



Asumió el gobierno en abril de 1784, cuando el nuevo visitador general, Jorge de Escobedo y Alarcón, se aprestaba a implementar en el Perú un nuevo sistema administrativo: las intendencias.

Escobedo, por encargo del Ministro de Indias José de Gálvez, abolió los aborrecidos corregimientos. Los corregidores con su corrupción y despotismo habían provocado muchas rebeliones en América, incluyendo la que lideró Túpac Amaru II. Eran urgente la renovación del sistema administrativo en el Perú con el nombramiento de magistrados selectos y con salarios adecuados.

En 1784 el Perú fue dividido en 7 intendencias (tipo departamentos): Lima, Trujillo, Tarma, Huancavelica, Huamanga, Arequipa y Cusco. Estas juridicciones de gobierno estaban a cargo de los Intendentes, quienes debían velar por la recaudación tributaria y el mantenimiento del orden. La Corona les asignó buenos sueldos, pero les prohibió hacer negocios o repartos mercantiles.

Cada intendencia se dividía en partidos (tipo provincias) que eran administradas por los subdelegados. Estos también estaban prohibidos de hacer repartos mercantiles; sin embargo, la mayor parte de ellos incumplían la ley y cometían tantas tropelías como los antiguos corregidores.

El visitador Escobedo estableció que la Superintendencia de la Real Hacienda pase a manos del Intendente de Lima. Este hecho provocó la reacción del Virrey De Croix, quien consiguió restituir este importante título a su autoridad en 1787.



Otro hecho de gran trascendencia fue la creación de la audiencia del Cusco. Un nuevo tribunal de justicia anhelado por los habitantes sur andinos, reclamado, inclusive, por Túpac Amaru II. Al fin se establecía un órgano de gobierno y de justicia que atendiera las necesidades del Perú meridional. A la vez, la Corona podía controlar la convulsionada y estratégica región.




En marzo de 1790, Teodoro de Croix consiguió el permiso para retornar a España. Antes de partir le entregó el mando al nuevo virrey del Perú, don Francisco Gil de Taboada.


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